¿Se Acerca El Fin del Trabajo?
El trabajo, tal y como lo conocemos, ya no significa lo mismo que significaba hace 70, 100 o 200 años. A medida que la tecnología fue mejorando, y nuestro nivel de comodidad también, la línea entre trabajo y tiempo libre ha ido quedándose más difusa. Ya no basta con trabajar.
¡Debes de tratar que el trabajo sea un fin en sí mismo también!
En este artículo explicaré, para ser concreto, la idea de la desaparición del trabajo y la jornada típica de 40 horas semanales. Y por qué se interrumpió de forma inevitable en la década de 1980. Este artículo está inspirado en la gran obra Utopía Para Realistas, de Rutger Bregman, que he leído con 21 años, con algún toque propio.
Prepárate, que esto va a ser interesante.
Una distopía del trabajo entretenida
¡Bienvenidos al año 2062!
Imagina, por un momento, que eres el padre de una familia clase media norte americana, y vives en la ciudad Orbit City, en un edificio suspendido en el aire. Estás casado con una mujer dulce y atenta, y tienes dos hijos, una chica adolescente de 16 años llamada Judy, y un chaval de 6 años.
Trabajas sólo nueve horas por semana, “de operador de índice digital”, y tu jefe es un tirano cuyo mayor hobby es hacer travesuras, y bromas pesadas. Tu esposa es una ama de casa tradicional, y es amante del arte, sobre todo la moda y los artilugios modernos.
¿Demasiado bueno para ser cierto?
Pues sí.
Esta historia se extrajo de la popular serie de televisión Los Supersónicos(21), estrenada en el año 1962. Curiosamente, este programa explica más sobre la mentalidad y la cultura de la década de 1960s, que sobre el futuro en sí.
Eso sí, no te confundas. Más de sesenta años después de hacerse conocida, esta serie acertó en muchas cosas. Las personas de mi generación se comunican mediante videochat, los robots ayudan en tareas domésticas, y al pulsar un botón obtienes productos rápidamente. Seguramente te venga a la cabeza la máquina Nespresso.
La tecnología evolucionó, y nuestra forma de interactuar con los demás también.
Pero la premisa del liberalismo y el capitalismo, así como el afán de aumentar beneficios no se movieron de sitio.
El fin del trabajo
En esta sección quiero hablar de una idea disruptiva que le faltó poco por hacerse realidad: el fin del trabajo.(22)
Como hemos comentado antes, durante mucho tiempo el patrón habitual fue tener esclavos, luego siervos, y más adelante contratar trabajadores en fábricas, sacando adelante productos a un coste más reducido.
En los tiempos que John Stuart Mill estaba vivo, la semana laboral en Manchester era de 70 horas, e incluso los niños tenían que trabajar. Sin embargo, desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX, muchos intelectuales y figuras influyentes estaban debatiendo seriamente la idea de que la raza humana se aproximaría a un futuro sin trabajo. Entre ellos, estaban figuras como Benjamin Franklin, Karl Marx, John Maynard Keynes, e incluso Henry Ford.
Por increíble que parezca, Henry Ford, un capitalista devoto, estableció la semana laboral de cinco días, mientras su empresa estaba prosperando. Eso se tradujo en un incremento de la productividad de sus empleados, y puede que una mayor satisfacción laboral.
Además, en 1956, el vicepresidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, afirmaría que en un futuro no muy lejano la semana laboral sería de cuatro días, solamente.
Sin embargo, todo eso no fue más que una ola de wishful thinking.
En la década de 1980, las reducciones de la semana laboral se detuvieron de golpe. El crecimiento económico no se traducía en tiempo libre, sino en niveles mayores de producción. En países como Australia, Austria, España e Inglaterra, la semana laboral dejó de reducirse por completo. En Estados Unidos aumentó. Tres cuartas partes de la fuerza laboral trabajaba más de 40 horas semanales.
¿Por qué sucedió esto?
El principal motivo fue la entrada masiva de mujeres al mercado laboral. En 1970, cuando el rock progresivo empezó a hacerse popular y el movimiento hippie estaba en auge, las mujeres contribuían a entre el 2 y el 6% de los ingresos familiares. Ahora esta cifra
ya ha superado el 40%.
Una humorista holandesa, llegó a comentar de forma elocuente y sarcástica esta situación:
“Mi abuela no tenía el voto, mi madre no tenía la píldora, y yo no tengo tiempo.” (bueno, quizás exageraba, es sólo una conjetura entre miles)
Además, existen evidencias de que en Estados Unidos las madres trabajadoras pasan más tiempo con sus hijos del que pasaban las amas de casa en los setenta.
No nos morimos de aburrimiento, sino que nos matamos a trabajar. Es probable que esta sea una de las razones de peso por las que muchos psicólogos y psiquiatras en países de todo el mundo estén lidiando con una epidemia de estrés esta década y la anterior.
Como comenta Rutger Bregman en su libro, el tiempo es dinero. El crecimiento económico puede aportar o bien más tiempo libre, o bien más consumo. Desde 1850 hasta 1980 tuvimos ambas cosas, pero desde entonces lo que creció sobremanera fue el consumo. Más televisiones con mayores pulgadas, más consolas, mucho merchandising, y accesorios
varios en las colas para pagar en el Fnac.
Henry Ford redujo la jornada laboral de 60 a 40 horas semanales, y el magnate de los cereales W.K. Kellogg propuso una jornada de seis horas. Gracias a ello, Kellogg pudo contratar a 300 empleados más, y se redujeron la tasa de accidentes en un 41%. Ambos empresarios nadaron contracorriente, y triunfaron. Incluso el empresario Vishen Lakhiani promueve activamente una semana de cuatro días. 23
El periodista y escritor inglés Oliver Burkeman también va en la misma línea. Su mensaje es claro: no se puede trabajar más de tres o cuatro horas al día, en algo que exija gran concentración mental. 24
Beneficios de trabajar menos
Trabajar menos horas, por lo tanto, es un imperativo moral. Obviamente, si eres empresario y tienes a una plantilla entera trabajando 8 o 9 horas semanales, sería insensato decirles que trabajen 4 o 3 horas diarias, de un momento para otro. Pero si puedes ofrecer reducciones graduales. Así te ahorrarías costes.
Por lo tanto, y para concluir, trabajar menos resuelve de un plumazo varios problemas acuciantes:
Primero, el estrés. Muchos estudios han demostrado que quienes trabajan menos sienten una mayor satisfacción. Tener más tiempo para recargar pilas, y dedicarlo a relaciones íntimas, relajarse, hablar con amigos, o bailar, reduce los niveles de estrés crónico, o distress.
Segundo, seremos más resistentes al cambio climático. Habrá menores emisiones de CO2 en la atmósfera.
Tercero, menos accidentes. Las horas extra son letales, y proporcionan muchos errores cognitivos tanto en cirujanos como ingenieros. Recordemos la explosión del transbordador espacial Challenger.
En cuarto lugar, menor índice de desempleo. Los investigadores de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) concluyeron que el trabajo compartido (donde hay dos empleados a tiempo parcial, en vez de uno sólo) fue clave para vencer la última crisis económica del 2008.
En quinto lugar, menos desigualdad. Los países con las mayores desigualdades en la renta son justo aquellos que poseen las semanas laborales más largas. Tanto los pobres como los ricos dedican demasiado tiempo a trabajar. El trabajo excesivo es un símbolo de estatus, y la hustle culture todavía tiene sus fieles adeptos.
Otro factor importante que quiero incluir es que la distinción entre trabajo y tiempo libre se volvió cada vez más difusa. Mucha gente, al presentarse en eventos y entornos sociales, o de networking, define quien es por su profesión. No hacerlo es quedar como un bicho raro.
Los networkings son útiles, aunque depende de tu situación y contexto emocional y profesional.
El trabajo es y seguirá siendo importante, pero no por los motivos que creemos. Dejar hueco para que personas desempleadas trabajen, aunque no dediquen siete u ocho horas diarias a su oficio, les otorga mayor felicidad y bienestar. Muchos psicólogos demostraron que una larga temporada en el paro tiene un mayor impacto en nuestro bienestar que el divorcio o la pérdida de un ser querido.
Mi Respuesta a la pregunta
Por lo tanto, queda plantearse:
¿Se acerca el fin del trabajo?
Rotundamente no.
Mientras vivamos abrazando la mentalidad del más, y deseemos fervientemente llenarnos los bolsillos con ganancias sobre perdidas, no habrá motivo alguno por el cual promover una jornada laboral más reducida.
Pero debemos tomar conciencia de ello. Ese es el primer paso. Y el siguiente es ampliar nuestro horizonte, tomando medidas legislativas, como llevar a cabo cambios en las prestaciones de la Seguridad Social, o la atención sanitaria, para que el coste de tener dos empleados en vez de uno no sea mayor.